ÉPOCA PREHISPÁNICA: LOS MAZAHUAS

Las fuentes históricas aseguran que los grupos étnicos que poblaron el país procedían del norte de Mesoamérica. Los anales de Cuauhtitlán hablan de uno de ellos, en cuya migración, sucedida en el año 538 d.c., venían 5 tribus, cuyos jefes, según Ixtlilxóchitl, eran: Ehécatl, Coahuatzin, Mazacóatl, Otzihuacoatl, Tlalpanhuitz y Huitz. Al tercero de ellos lo identifica Payón como el caudillo de los mazahuas y del que se origina el nombre mazahua.

Mazahua, voz náhuatl que se compone de Mazatl, "venado" y Hua, posesivo; “poseedores de venados o gente de venados”. Mazahuacán se integra de Mazatl, "venado" y Huacán, "lugar"; “lugar de venados o donde abundan los venados”, así llamaban al territorio ocupado por los mazahuas.

Los primeros pobladores, descendientes de mazahuas, son los habitantes de los pueblos actuales de Tapaxco, Endotejiare, Tultenango y Santiago Oxtempan, de lo que ahora es el municipio de El Oro.

Los distintos acontecimientos de luchas por el poder en el valle de México, entre toltecas, chichimecas y aztecas, repercutían en el valle mazahua, que fue dominado por estos tres grupos; el trato con ellos cambió su estado de nómadas a sedentarios.

Los mazahuas se dedicaban a la agricultura, a la caza y a la pesca, habitaron en las faldas de los cerros o cerca de los manantiales, lagos o ríos.

Al conquistar Axayácatl la zona mazahua en 1474, ésta pasa a formar parte del imperio azteca, pagando tributos con maíz, frijol y telas. Los dominadores impusieron las deidades y calendario, celebrando sus ritos en las fiestas.

Antes del descubrimiento de las vetas, nada se sabía de El Oro, se dice que fue la proximidad a Tlalpujahua y a sus minas, que habían sido explotadas antes de la llegada de los españoles lo que determinó que los señores prehispánicos del rumbo obtuvieran metales, aunque en poca cantidad; existe la prueba de ello en las ruinas que se encuentran en Tapaxco, aún no lo suficientemente exploradas.

En el período posclásico el valle de Ixtlahuaca estuvo ubicado entre dos de las más poderosas regiones culturales del momento: la del Altiplano Central (los mexicas) y la del occidente de México (los tarascos); cabe mencionar que la rivalidad existente entre ambos los llevó a luchar en territorio mazahua.

Según se menciona en las fuentes históricas, “Tzintzipandacuare”, que fue contemporáneo de Axayácatl, hizo algunas entradas hacía Toluca y Jocotitlán y le mataron dos veces dieciseis mil hombres y en otras ocasiones hizo cautivos, lo que nos indica que fueron varias las incursiones tarascas dentro del territorio mazahua y matlatzinca.

Los mazahuas se encontraban descontentos por los onerosos tributos impuestos por los aztecas, por lo que uniéndose a los otomíes de Jilotepec se rebelaron decidiendo no pagarlos; en 1484 Ahuítzotl los sometió nuevamente.

Moctezuma II o Xocoyotzin (1502-1520) nombró como señor de la provincia mazahua, a Ocellotzin, fue cuando hicieron su aparición en las costas de Veracruz los conquistadores españoles.

 

LA COLONIA

Inicia cuando Hernán Cortés envió a Gonzalo de Sandoval a dominar a los matlatzincas de Toluca. Los mazahuas no opusieron resistencia. Los españoles en varias ocasiones pasaron por los terrenos mazahuas, que más adelante serían territorio de El Oro, hacía la conquista del señorío tarasco.

El mismo Hernán Cortés pasó por estos lugares en 1534 cuando fue a Tepic a castigar a Nuño de Guzmán.

También el primer virrey de México don Antonio de Mendoza lo cruzó en 1541 para ir a aplacar la rebelión de los indios de Jalisco.

Estos datos son solo un antecedente para la mejor ubicación de la región, dentro de la zona mazahua, donde se fundaría El Real de El Oro, que desde el inicio de la colonia dependió de la alcaldía de Ixtlahuaca.

Acerca de la fundación de El Oro, diversos historiadores han publicado los siguientes datos:

Yolanda Sandoval S., apoyándose en las leyendas, describe que fue fundado por la familia Mondragón, guiada por un niño que demostraba el lugar en donde pastaba su rebaño, lugar en el cual la familia vio brillar algunas piedras. Los Mondragón, que eran, barreteros, reconocieron el cuarzo, descubriendo la veta que llevó su nombre.

Blas Moreno, sin dar fuente de investigación, dice que hasta donde ha sido posible averiguar, esta población de El Oro fue fundada, si así puede decirse, en 1772 por unos misioneros jesuitas, uno de ellos al explorar descubrió la veta de los Mondragón, debido a que se encontraba en el predio de esa familia, que no era una veta, sino un clavito o vetilla que contenía oro y plata. Esta localidad a la sazón se llamaba Guadalupe de El Oro y era una ranchería con una docena o algo más de casas.

Alfonso Luis Velasco, en la edición facsimilar, asienta que El Mineral de El Oro fue fundado en 1787 por los mineros que compraron el terreno a los propietarios de la hacienda de Tultenango.

Yolanda Sandoval S., aporta otro dato interesante del Archivo General de la Nación en el que cita la fecha de 1789, exponiendo:

“El pueblo de El Oro es un Real de Minas, llamado así por el descubrimiento de una veta de oro que hizo don Vicente Arciniega en las faldas de unos cerros, a legua y media de otro Real de Minas muy antiguo llamado Tlalpujahua”.

Aunque sin especificar fecha, se asegura que antes de don Andrés (aquí cambia el nombre de Vicente) Arciniega lo hicieron don José Zelada, José Bernal y Cayetano Arechavala, guiados por Juan de la Rosa, arrendatario de la hacienda de Tultenango, que se conocía como rancho de El Oro, acaso porque se había entendido que había minas de oro. Un pobre ranchero de la misma hacienda llamado Antonio Bernal, que sabía de ello, trajo a enseñárselas a don Andrés Arciniega del pueblo de Jilotepec.

Por los datos anteriores se deduce que en 1772 se descubre El Clavito o la Vetilla, la cual contenía oro y plata en el predio habitado por los Mondragón, conocido como Ranchería de Guadalupe, perteneciente de la hacienda de Tultenango. Al descubrirse el primer fundo minero al que llamaron Descubridora, se conoció como ranchería de Guadalupe de El Oro. En 1787 los mineros compraron el terreno a los propietarios de la hacienda de Tultenango y fundaron El Mineral de El Oro.

Carlos Héctor González escribe: "En ese mismo año de 1772, fue descubierta la veta de San Juan y la de San Rafael, con la que se constituye la Compañía El Oro Mining and Railway. Co. Ltd., como la empresa más fuerte, instala su propio molino de minerales y la planta de beneficio La Hacienda Vieja, como se llamaba, fue la primera planta beneficiadora a base de mercurio.

A mediados del siglo XVIII esta extensa provincia fue dividida en tres partidos: Ixtlahuaca, Malacatepec y Tianguistenco. Al partido de Ixtlahuaca pertenecían: Temoaya, Jiquipilco, Jocotitlán, Atlacomulco, Temascalcingo, San Felipe del Obraje y El Oro.

Blas Moreno, hace la siguiente aclaración: La denominación de Real de El Oro, se debió a que según las leyes de minería de la época colonial, todos los yacimientos que fueran descubiertos, pasaban por ese sólo hecho, a ser propiedad de la Corona Española.

Otro dato importante que asienta Carlos Héctor González, es el siguiente: Fuentes históricas consultadas señalan que por Cédula Real, en 1793, El Oro fue elevado a la categoría de municipio y juzgado auxiliar, dependiente del distrito de Ixtlahuaca, con sus cuatro pueblos, a saber: Tapaxco, San Nicolás, Santiago Oxtempan y Santa Rosa; y sus haciendas: La Jordana, Venta del Aire y Tultenango. Al año siguiente, esto es, en 1794 adquirió diputación territorial en minería.

A 22 años del descubrimiento de las vetas, el 16 de abril de 1794 el conde de Revillagigedo, comisiona al ingeniero Manuel Agustín Mascaró para levantar un plano del Real de Minas, llamado El Oro, como proyecto de la nueva población para el arreglo de sus calles y casas al noroeste del pueblo actual, y se procede a la erección de la diputación en el Real de El Oro, según decreto de esa fecha.

En ese tiempo enviaban al virrey frecuentes quejas acerca de la difícil situación que vivían los habitantes del Mineral de El Oro, Juan Santelises le exponía:

“Le ha dado Dios Nuestro Señor a manos llenas a Arciniega oro y plata... desde el pelo de la tierra comenzó a sacar metales útiles de oro y desde entonces hasta la presente, nunca le han faltado frutos, conforme se ha profundizado ha ido abundando y mejorando la producción de oro y plata””

Con el descubrimiento de vetas ricas, El Oro adquirió mayor importancia, en 1874 el ingeniero en minas Santiago Ramírez, dijo: “ El Oro es uno de los principales distritos mineros, destinado a ser la mansión de una sociedad industriosa y civilizada.

La vicaría fija de Tapaxco fue fundada en 1787, pocos años después de la fundación del Real de El Oro, a la que pertenecían la hacienda de Tultenango y la ranchería de El Oro, esta vicaría dependía de la parroquia de Jocotitlán y de la vicaría foránea de Almoloya siendo su patrona Nuestra señora de Guadalupe.

Documentos interesantes para la construcción de la primera capilla en el rancho de El Oro en 1791, son: oficio del excelentísimo señor virrey conde de Revillagigedo a la Mitra de México, participando haber libertado de la exacción del real derecho de media annata a don Miguel Francisco Arciniega, minero del Real de El Oro por la licencia que se le concedió para fabricar una capilla.

ÉPOCA INDEPENDIENTE

En la ruta de la Independencia hacia la batalla del Monte de las Cruces, el Padre de la Patria Miguel Hidalgo y Costilla, al frente del ejército insurgente, pisó tierras del municipio de El Oro: Tultenango, Bassoco y La Jordana.

Anne Staples dice: Al terminar la guerra se reunieron extranjeros y mexicanos que conocían el valor de las minas de El Oro. El ingeniero Vicente Rivafoli, quien ya había estado en esta zona estuvo en contacto con Lucas Alamán para la creación de compañías mineras en Londres. Con el capital inglés compraron una empresa llamada Tlalpujahua Company, con un capital de $ 180 000.00 empezó a limpiar 86 minas de esta localidad, más otras siete que estaban en la zona de El Oro, entre estas estaban las minas de Manuel Serrano, Ignacio Rayón y del cura de Tlalpujahua. Todas eran muy productivas, pero habían cerrado en 1810. Estos propietarios firmaron contratos con Lucas Alamán en 1825. Otra compañía inglesa, La United Mexican Mining Asociation, de la que era presidente Lucas Alamán, Arthur David Luis Agassis.

En esta época se construyó La Casa Blanca, que era la sede administrativa de la misma, que estuvo funcionando hasta las primeras décadas del siglo XX.

ERECCIÓN DEL MUNICIPIO

Hasta la fecha no se ha localizado el documento que acredite la fecha de la erección municipal de El Oro. De acuerdo a los ordenamientos contenidos en la Constitución de Cádiz de 1812, expedida para la organización de los ayuntamientos, la cual fue suspendida por los problemas que la Corona Española tuvo con Francia y que fue puesta en vigor nuevamente a partir de mayo de 1820. Tanto Tapaxco, como El Real de El Oro ya reunían los requisitos para contar con ayuntamiento propio, aunque según documentos que existen en el Archivo Histórico municipal de Jocotitlán , se comprueba que Tapaxco en 1823 ya tenía ayuntamiento, antes que El Real de El Oro.

En el decreto del 16 de diciembre de 1825, en la memoria que el gobernador Melchor Múzquiz rinde al Congreso Local el 15 de febrero de 1826, no aparecen ni el ayuntamiento de El Oro, ni el de Tapaxco, que es cuando se toma en cuenta la erección de los ayuntamientos, de acuerdo a las disposiciones contenidas en la Constitución del Estado de México.

PORFIRIATO

El Oro vivió casi un siglo de lucha contra la adversidad. Tuvo que esperar hasta fines del siglo XIX la inversión de fuertes capitales extranjeros, nuevas tecnologías, la introducción del ferrocarril y de la energía eléctrica, que influyó mucho en el auge de la industria minera y en la infraestructura de la cabecera municipal de El Oro, debido al interés del presidente de la República Porfirio Díaz, para que esta industria surgiera.

A partir del descubrimiento de la riquísima veta de la Esperanza, que fue sorpresa para propios y extraños, la vida de los habitantes de El Oro cambió, se convirtió en el centro minero más importante de la entidad, atrajo inversionistas de capitales extranjeros y gente de todas partes en busca de trabajo y comerciantes extranjeros, creciendo en forma acelerada la población.

Su rápido progreso económico, político, social y cultural a partir de los últimos años del siglo XIX, propició que la H. Legislatura local, por decreto número 9 de abril de 1901, le otorgara la categoría de Distrito Judicial y al año siguiente, por decreto número 50 del 13 de octubre de 1902, la de Distrito Político, Judicial y Rentístico, dándole a la cabecera el rango de ciudad y la denominación de “El Oro de Hidalgo”, en homenaje al Padre de la Patria y que se compondría de las municipalidades de El Oro, Temascalcingo, Atlacomulco y Acambay.

El actual palacio municipal se inauguró el 2 de octubre de 1910, así como el Teatro Juárez el 5 de febrero de 1907.

REVOLUCIÓN

El movimiento maderista produjo un aliento de esperanza entre la clase obrera de las minas de El Oro que anhelaba liberarse de la opresión y explotación.

Según el licenciado Antonio Díaz Soto y Gama, la presencia de las tropas de Emiliano Zapata y de los hermanos Figueroa en el cerro del Ajusco, junto con la movilización de los mineros de El Oro, precipitaron la renuncia de Porfirio Díaz. Uno de los simpatizadores más destacados del maderismo en la región, fue el ingeniero José de Jesús Reynoso.

José Alfredo Mondragón Martínez describe:...En 1912, específicamente el 28 de septiembre, Genovevo de la O. pidió al coronel Telésforo Gamboa la rendición de la plaza de El Oro, la que, naturalmente, fue rechazada.

Hacía 1914 pasaron por la cabecera municipal las fuerzas del general Lucio Blanco, llevaban dieciocho mil hombres que causaron un verdadero estrago a las reservas de alimentos de la población.

En 1915 aparecen las fuerzas zapatistas, comandadas por el general Inocencio Quintanilla, mismas que fueron atacadas en El Oro por una fuerza constitucionalista, al mando del coronel Ladislao Rivera.

En 1918 aparece la epidemia de influenza que diezma la población.

Don Venustiano Carranza convocó a todos los diputados que se reunieran en Querétaro para discutir, aprobar, decretar y publicar la nueva Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. A esta reunión asiste José J. Reynoso por El Oro.

En 1926 hubo consternación entre los habitantes de El Oro, al enterarse de la paralización de las minas El Oro Mining and Railway Co., La Esperanza Mining, Mines of El Oro y el resto de las más importantes, pretextando el agotamiento de las reservas.

La única fuente de trabajo que se mantuvo y benefició a los mineros, fue la mina Dos Estrellas, situada entre El Oro y Tlalpujahua, que cerró definitivamente sus puertas en 1958; quedando El Oro con 2,500 habitantes únicamente.

Los habitantes de El Oro se han sobrepuesto a la adversidad y como un reto, pueblo y gobierno han luchado buscando nuevos derroteros en la agricultura, en el comercio, en la pequeña industria, en la artesanía y en la educación, que han elevado su nivel de vida y han cicatrizado las heridas que les causó el desempleo y la falta de ingresos para su subsistencia en tiempos pasados.